El Programa Internacional de la Facultad de Arquitectura y Diseño aborda las diversas temáticas planteadas en la construcción de la ciudad y el espacio contemporáneos. Aplicando conocimientos desde el Diseño y la Arquitectura y con una visión abierta que relaciona e incorpora herramientas multidisciplinares integrando arte, ciencia y tecnología, el programa internacional busca reunir disciplinas tales como (artes visuales, comunicación, ciencias políticas, ingeniería, diseño digital, biología, física, filosofía, genética), bajo el concepto macro de NUEVOS TERRITORIOS.
|
|||||
| Las conclusiones obtenidas en el II Congreso Internacional para la Arquitectura Sostenible, organizado conjuntamente por la Asociación Nacional para la Arquitectura Sostenible (ANAS) y la Asociación Nacional para la Vivienda del Futuro (ANAVIF), dentro del marco de Construmat 2005, fueron la base para llegar a una definición conceptual de Arquitectura Sostenible y establecer una serie de recomendaciones para alcanzar el mayor grado de sostenibilidad en la arquitectura, al menor precio posible. |
Luis de Garrido, Fundador y Presidente de ANAVIF y ANAS ha conseguido, gracias a su amplia y demostrada experiencia en este ámbito, establecer un conjunto de indicadores capaces de definir el grado de “sostenibilidad” de una determinada construcción.Definición de Arquitectura SostenibleUna arquitectura Sostenible es aquella que garantiza el máximo nivel de bienestar y desarrollo de los ciudadanos y que posibilite igualmente el mayor grado de bienestar y desarrollo de las generaciones venideras, y su máxima integración en los ciclos vitales de la Naturaleza.Los cinco pilares en los que debe fundamentarse la Arquitectura Sostenibles son:
- Optimización de los recursos y materiales
- Disminución del consumo energético y uso de energías renovables
- Disminución de residuos y emisiones
- Disminución del mantenimiento, explotación y uso de los edificios
- Aumento de la calidad de vida de los ocupantes de los edificios
A su vez, cada uno de estos puntos se puede detallar en otros mucho mas concretos y de directa aplicabilidad. El Arquitecto Luis de Garrido ha desarrollado a partir de estos principios fundamentales un conjunto de indicadores que podrán determinar cuan ecológico es un determinado edificio.
Con la ayuda de dichos indicadores, los arquitectos y profesionales de la construcción podrían ser conscientes igualmente de todas las medidas que podrían tomar con el fin de aumentar el grado de “sostenibilidad” de sus edificios, lo que puede proporcionar un entorno mucho más agradable para nuestro planeta y para nuestra propia salud y subsistencia.
En el diseño de estos indicadores se ha tratado de no olvidar ningún aspecto de la construcción, ya que los criterios medioambientales y ecológicos son de utilidad para todos. Por otro lado, su utilización es muy sencilla. En concreto, se han establecido 32 indicadores agrupados en 5 grupos: MR (Materiales y recursos), E (energía), GR (gestión de residuos), S (salud) y U (uso del edificio). Cada indicador se cuantifica por separado de forma porcentual (lo que se traduce a un valor decimal de 1 a 10), con lo que se puede hacer la media aritmética ponderada para dar un valor medio al grupo en el cual se incluye. Al final, se tiene un valor por grupo, que da muestra del grado total de “sostenibilidad” de una determinada construcción.
La arquitectura del futuro
La ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, intervino ayer en el panel ministerial dentro del XXII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), que se celebra en Estambul, y señaló que esta reunión de varios miles de arquitectos de todo el mundo era una buena oportunidad para “revisar la agenda global de la arquitectura” porque las “ciudades son hoy en día lugares decisivos para la calidad de vida de las personas, para la salud medioambiental del planeta y para la eficiencia integral de la economía”.
La arquitectura del futuro
Revisando los temas de este Congreso y las intervenciones públicas llama poderosamente la atención las escasas referencias a la necesidad de una nueva arquitectura y un nuevo urbanismo. Muchos están dispuestos a admitir que nuestras ciudades son menos amigables que nunca y nuestros espacios ambientales cada vez más precarios y vulnerables. Pero no hay una preocupación por cambiar los parámetros actuales de cara un futuro próximo.Nuestro país, sin ir más lejos vive estos días una abierta guerra del agua entre Castilla – La Mancha y Murcia. Persiste en la construcción de miles de edificaciones en el litoral español sin modelo urbano, que ahogan las voces de cientos de propietarios que denuncian abusos urbanísticos, y en general, una fuerte especulación en muchos territorios, al margen de la limitada capacidad de acogida de los mismos y la existencia de suficientes recursos básicos, como la citada agua.
La tecnología, la nanotecnología y la arquitectura
Quizás la tecnología, y más concretamente la nanotecnología, puedan suponer una revolución sin precedentes para nuestras viviendas, ciudades y las futuras edificaciones en general. La nanotecnología trata de la manipulación y aplicación de materiales, aparatos y sistemas funcionales a través del control de la materia a nano escala, y la explotación de fenómenos y propiedades de la materia a nano escala.Hoy los avances de la nanotecnología en la construcción son muy modestos. Están ligados a muy prometedores progresos en capas de pintura que repelen manchas, arañazos, algunos materiales con atractivas propiedades a base de nanotubos, etc. Pero no pasan de ser unos limitados pasos en la revolución que puede llegar a constituir.Algunos expertos apuntan que dentro de algunos años será menos costoso volver a hacer un edificio entero nuevamente que mantener uno viejo, aunque no tenga más de diez años de vida. Nuevos materiales con prestaciones asombrosas de resistencia (sísmica, incendios…), respuesta al medio (calor, frío…), ahorro energético, seguridad, higiene y salud podrán producirse a bajo coste.Cuando el Presidente Clinton inauguró la National Nanotechnology Initiative se refirió a la capacidad de la nanotecnología para crear nuevos materiales que fueran más ligeros que el acero y que fueran diez veces más resistentes. Los avances en nanotecnología van lentos pero en una línea ascendente que redundará en resultados realmente impactantes.Si la nanotecnología lo permite, quizás las ciudades, los edificios, las calles, los modelos urbanos tengan una nueva oportunidad. Quizás sea el momento de recrearnos en la defensa del patrimonio arquitectónico que merezca tal rango y fomentar una nueva arquitectura de cara al futuro, donde la sociedad, el hombre, la sostenibilidad real, sean los protagonistas.
LAS CLAVES DE LA ARQUITECTURA.
Al comenzar este texto hacíamos referencia al funcionalismo, teoría que considera que el fin último de la arquitectura es su utilidad. La función utilitaria de la arquitectura de la arquitectura se cumple desde el momento en que un edificio es habitable o se ajusta a la misión para la que ha sido creado. Su mayor o menor calidad depende, según esta concepción, de la adecuación de los materiales, de las formas, a las necesidades de sus habitantes o usuarios. Pero además de la utilitaria existen otros tipos de función. Nos referimos concretamente a una función cuyas características no se derivan de la perfecta adecuación material y formal, sino que va ligada a las significaciones simbólicas. Podemos hablar de una arquitectura cuya función radica en ser símbolo.
Como en todos los períodos históricos, hoy en día la mayor parte de las construcciones existentes centran sus esfuerzos en la consecución de la función utilitaria. No obstante, junto a estas edificaciones se han venido dando otro tipo de arquitecturas para las que la función preponderante es la simbólica. En algunos casos la función simbólica de la construcción tiene tal trascendencia que el edificio carece de cualquier otro sentido fuera de ella; diríamos que más que arquitectura es monumento. Tradicionalmente, la arquitectura símbolo ha estado al servicio del poder político y eclesiástico, mientras que hoy son cada vez más numerosas las referencias al poder económico. La que algunos estudiosos denominan «arquitectura de la autoridad» no se manifiesta por igual en todos los períodos históricos, sino que en algunos de ellos alcanza un mayor desarrollo.
El significado de la arquitectura, su mensaje, se manifiesta a través del espacio, de los volúmenes y de las formas abstractas propias del lenguaje arquitectónico. Así, los imponentes volúmenes característicos de los imperios de Próximo Oriente no eran sino la manifestación palpable del poder absoluto de sus gobernantes. Otros símbolos derivan de composiciones formales, como las puertas de acceso a las ciudades mesopotámicas, en las que el arco de medio punto entre las torres que las formaban era la representación de la bóveda celeste, símbolo subrayado por el uso de ladrillos vidriados en azul que recubrían toda la composición. Éste era el marco elegido por el soberano para sus apariciones públicas. Es fácil pensar, como señala Albert E. Elsen en la obra La arquitectura como símbolo de poder, que de este modo se reafirmaba la divinidad de su condición. El símbolo del arco pasó a Roma que lo adoptó en los arcos de triunfo. Como ocurría en la arquitectura egipcia, la romana expresaba la fuerza del imperio y el poder de sus emperadores mediante construcciones de inmensas proporciones como, por ejemplo, las gigantescas termas de Caracalla (111 d.C.) en Roma.
Durante la Edad Media, la arquitectura civil representativa estaba al servicio de los príncipes y grandes señores, que hacían construir grandes castillos que abrumaban, al mismo tiempo que infundían seguridad, a sus vasallos. También al medievo pertenece el símbolo de las grandes torres unidas a los edificios de los comuni italianos, que tenían por finalidad comunicar que la ciudad que las había levantado era independiente; recordemos las torres del Palazzo Vecchio de Florencia o la torre de Mangia del Palazzo Comunale de Siena .
En la arquitectura cristiana, los símbolos pueden encontrarse también en las plantas utilizadas para sus construcciones: así, las plantas medievales en forma de cruz son una alusión explícita a la Pasión de Cristo, mientras que las plantas circulares, propias del Renacimiento, son una referencia a la perfección e infinitud el Universo.
Si los palacios florentinos, con su austera y maciza rotundidad, nos hablan del poder de la clase social que los erigió, las villas del Cinquecento revelan las características de los aristócratas comerciales que las idearon: refinadas residencias de recreo a la vez que efectivos y funcionales centros de trabajo agrícola en la Terra Ferma veneciana.
Durante el Barroco, las arquitecturas de la monarquía y de la iglesia alcanzaron uno de sus puntos más elevados en cuanto a valor simbólico y propagandístico. Los grandes palacios europeos, como Versalles, ponían de manifiesto el inmenso poder del régimen absolutista, al tiempo que los templos contrarreformistas anunciaban y vendían los ideales del Concilio de Trento.
El Neoclasicismo, que como sabemos adoptó el lenguaje clásico, construyó edificios de muy diversa envergadura. En «estilo georgiano» se construyeron en América del Norte multitud de residencias que tienen como modelo las villas palladinas, y utilizando el lenguaje neoclásico se construyó el Capitolio de Washington, cuya enorme cúpula, erigida por voluntad expresa de Lincoln, es el símbolo de un gran estado, cuya ley iguala a todos los ciudadanos.
La arquitectura como símbolo de poder se mantiene entre nosotros. A principios del siglo XX, y coincidiendo con la arquitectura modernista, poco adecuada para representar el poder y la ideología de Estado, surgió una corriente historicista, denominada por H. R. Hitchcock nueva tradición, a la que corresponden la mayor parte de los edificios símbolo de la primera mitad de nuestro siglo.
Los tres momentos más significativos de la arquitectura símbolo del siglo XX son el el de la URSS de Stalin, el de la Italia fascista de Mussolini y el de la Alemania del Tercer Reich. Podemos decir que, por lo general, el leguaje que mejor se adapta a las exigencias de los mencionados regímenes es el clásico. Es un código que no presenta en sí ningún contenido ideológico, por lo que resulta especialmente idóneo para interpretar en cada momento la retórica del mensaje deseado. La arquitectura del denominado Movimiento Moderno y la de la Nueva Tradición entraron en abierta confrontación a partir de 1927, año en que fue convocado un concurso para la realización del edificio de la Sociedad de Naciones de Ginebra. El mismo conflicto se produjo en el concurso para el Palacio de los Soviets, convocado en 1931. Le Corbusier presentó un proyecto constructivista en el que no faltaban elementos simbólicos, pero se impuso la retórica de la propuesta de B. M. Iofan, en la que una gigantesca estatua de Lenin, tendiendo su mano al mundo, se levantaba sobre una monumental torre de cuatrocientos cincuenta metros.
En la Italia fascista se dio el mismo fenómeno bipolar: la arquitectura del Movimiento Moderno, concretamente el Futurismo, frente a la tradición clásica que se presentaba bajo dos versiones, la racionalista y la historicista. El fascismo se dio cuenta que el Futurismo, austero e intelectual, no servía para representar la ideología nacionalista y optó por un estilo clasicista que culminaría en la artificial EUR /1943).
Alemania, donde el racionalismo del Movimiento Moderno, «degenerado» y «cosmopolita», fue aniquilado en 1933, no optó por un solo tipo de arquitectura representativa, sino que hizo uso de diversidad de ellas, adaptándolas a usos específicos: un cierto «racionalismo» se utilizó en la construcción de fábricas; una arquitectura de carácter pintoresco que representaba una vuelta a los orígenes rurales se usó para construir complejos de viviendas obreras, reservándose para los edificios oficiales el lenguaje clásico de proporciones colosales, heredero de la denominada «Nueva Tradición», del que los arquitectos Troost y Speer fueron los máximos cultivadores.
Hemos visto algunas realizaciones retórico-simbólicas del lenguaje clásico en nuestro siglo; no obstante, los lenguajes no clásicos de la arquitectura moderna son también susceptibles de ser utilizados como vehículos transmisores de mensajes de poder. Este es el caso de las arquitecturas de Oscar Niemeyer, en la ciudad de Brasilia, y de las construcciones de Le Corbusier en Chadigarh, India.
Hemos de mencionar aún algunos tipos particulares de arquitecturas símbolo en el siglo XX: por una parte, la tipología creada por las grandes entidades crediticias que, a través de sus imponentes edificios, desean poner de manifiesto el poder y la solidez de sus fondos. Otra tipología a menudo utilizada por el poder político es la de los museos o centros de arte y exposiciones. La utilización mediática que puede hacerse de la cultura ha llevado a la proliferación de este tipo de centros, bien sean edificios de nueva planta o espectaculares ampliaciones de instalaciones precedentes, como es el caso del Gran Louvre, de Ieoh Ming Pei, o la ampliación de la National Gallery de Londres, por Robert Venturi (1985). Dentro de la tipología de los museos se han creado obras maestras de la arquitectura, tanto por sus resultados estéticos como por la acertada adecuación del edificio a las necesidades propias del museo, como es el caso de la ampliación de la Staatsgalerie de Stuttgart, por James Stirling (1977-1984), o el Carré d’Art de Nîmes, obra de Norman Foster (1984-1993), por citar unos pocos ejemplos dentro de la abundantísima producción de las últimas décadas.



